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Big Family

Minificción


En esta casa somos todos ciegos y deformes, pero no haga caso de nimiedades. Cumplimos con nuestra función. Unos paren hijos, otros los alimentan, transportan o tejen sus abrigos. Sincronización perfecta. Preservación de la especie. 

Yo sé que otros nos miran. Esos que no dudan en comerse nuestras cosechas y beberse nuestro vino. Esos a los que nada parece suficiente. Los que de tanto en tanto  palidecen, se destiñen y horrorizan de mirarnos. No dura mucho, pronto voltean al cielo y siguen en lo suyo.

No podemos quejarnos, somos una familia creciente con mucho potencial, el tercer mundo en vías de desarrollo, los jodidos.







Imagen: Robert Hooke Micrographia restaurata

Minificción: Hermanos



Minificción hermanos

Nos dieron a luz el mismo día. De tan iguales fue inútil ponernos un nombre a cada quien.  

Éramos libres así: nadie nos obligaba a comer verduras, ni lavarnos las manos, ni tomar medicinas amargas. 

Éramos felices así: creando soles cuando nos daba frío o mares para mitigar el calor. 

Éramos eternos así: balanceándonos en el tiempo; ora finito, ora infinito. 

Un día todo aquello nos aburrió y para entretenernos nos pusimos a  moldear con lodo fresco seres verdes con muchas patas, seres rojos con garras, seres rosas con colmillos. Los  colocamos en línea y comenzaron a danzar. Ellos fueron quienes nos nombraron. A partir de entonces nos divertimos llamándonos un día diablo y al otro dios.  


Foto: Josef Koudelka (Italia, 1980)

Minificción: Herencia



Minificción Familia

De mi madre heredé hermosos ojos y de padre el firme andar. Me entristece saber que los perderé de nuevo hoy que  la vista me falla y  comienzo a cojear.
Foto: Ferdinando Scianna (Sicilia, Italia 1976)

Minificción: Las preocupaciones son un mal adelantado




Me llamaron para la sala. En una de esas descubrieron la taza sin asa o se cansaron de que el colchón oliera a orín o... 


Quise anticipar mi defensa, pero mi madre tenía los ojos de sangre y no pude más que callar, sabiendo que la había cagado, ahora sí bien cagada. 

Dale, pues a lo hecho pecho como dice el tio Pepe, una buena zarandeada no me la quita ni dios padre.


Bajé los ojos al piso y contuve la respiración bien hondo, listo a soltar un buen chillido cuando hiciera falta. Si no se conmovían por mi cara de perro, ya verían cuanto llanto y mocos me salían de todos los agujeros de la cara. 


Mi papá se puso a dar vueltas retorciéndose las manos. Blanco como papel. La arruga del ceño bien marcada. 

Vaya, que no sería para tanto, tampoco hay que exagerar. Los dos en un silencio pesado ¿a qué venimos?¿tendré que cerrar los ojos y pedir clemencia de rodillas o bastará con un poquito de perdón, perdón, te lo prometo y así?


Me sueltan: nos vamos a divorciar. El aire me sale agudo por la nariz, no es una queja, ni un llanto, nada. Vamos, que sólo se trata de eso. 

Escucho sus palabras huecas y no puedo dejar de pensar ¿Encontrarán algún día el rodete calvo que le hice al gato o los botes de monedas vacios?